Sun cogió sus libros para ir a la biblioteca y los metió en su mochila anti-jueces, se puso su abrigo anti-jueces y cerró la puerta con llave.
La calle parecía llena de jueces. Sun caminó sigilosamente entre ellos, para que no se percatasen de su presencia.
- ¡Mirad, lleva ropa de deporte!
- La ropa de deporte está fuera de temporada. Comprada a 2 peniques, me figuro.
- Tiene el pelo naranja, qué color más horrendo. Seguro que le gustan las zanahorias. A la gente que le gustan las zanahorias les salen granos en el culo.
- ¡Qué asqueroso, un culogranudo! Seguro que no se ducha.
Sun logró esconderse en un callejón. Vaya, parecía que ni hasta la biblioteca podía caminar sin ser judgado. Su abrigo y su mochila parecían no haberle servido de mucho. Tendría que comprarse un gorro anti-jueces también.
¡Pero qué estaba pensando! Sun no era así. Jamás se debió haber comprado nada anti-jueces. Él era como era, y así se gustaba, qué más daba lo que dijeran de él. Sólo él sabía como era realmente, cosa que, en parte, le gustaba mucho.
- ¡Eh, va camino a la biblioteca! Está en este callejón. ¡Sigámosle! ¡Empollóoooon! ¡Asqueroso!
- Seguro que lee cosas de asesinos. Se creerá guay. Se piensa que en el mundo hay superheroes y él es uno.
Sun caminó escuchando las disparatadas cosas que decían de él. Sabían cosas de él, viendole a primera vista. Pero no acertaban en nada.
- ¿Y vosotros os llamais jueces? - les gritó Sun, en la puerta de la biblioteca.
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curiosísima historia...
ResponderEliminarme ha gustado mucho la mini-historia, dice mucho en muy poco. Me encanta Sun, me lo imagino perfectamente y su pelo naranja, k guapo!
ResponderEliminar^^
(mas Sun, mas Sun...)