Lueve, llueve a cántaros. Veo la lluvia reflejada en mi piel.
Tic-tac, tic-tac, tic-tac...hace el reloj.
Tic; me miras,
tac; pienso en él,
tic; tus labios,
tac; él,
tic; a veces bien contigo,
tac; me gustaría notar su respiración,
tic; otras veces muy mal contigo,
tac; me gustaría sentarme sobre sus piernas,
tic; sabes que estoy triste,
tac; me gustaria notar su piel y su olor a mi lado,
tic; no haces nada pese a notarlo,
tac; me encantaría besarle,
tic; no sé en qué piensas,
tac; recorrerle con mi lengua,
tic; para tí impasible,
tac; para él ardiente
tic-tac, tic-tac...hace el reloj.
Llueve a cántaros fuera. Y dentro de mí.
domingo, 1 de noviembre de 2009
viernes, 1 de mayo de 2009
La Hormiguita Reticulada
Se despertó una mañana soleada a buscar comida por sí sola. Así lo había decidido. Era la Hormiguita Reticulada. Tenía miedo a que le aplastasen, pero aun así se armó de valor.
Era de color negro azabache y si se movía, brillaba como si fuera una estrella.
No le gustaba ser tan bajita, y no era consciente de la fuerza que tenía.
Salió poco a poco, caminando por los huequitos que había entre baldosa y baldosa. Vislumbró algo de color rojo ¡ya tenía comidita!
Avanzó hasta ella felizmente. Buscar comida era más sencillo de lo que parecía.
Él se agachó triunfal en el suelo de su cocina. Aquel matahormigas era estupendo.
Era de color negro azabache y si se movía, brillaba como si fuera una estrella.
No le gustaba ser tan bajita, y no era consciente de la fuerza que tenía.
Salió poco a poco, caminando por los huequitos que había entre baldosa y baldosa. Vislumbró algo de color rojo ¡ya tenía comidita!
Avanzó hasta ella felizmente. Buscar comida era más sencillo de lo que parecía.
Él se agachó triunfal en el suelo de su cocina. Aquel matahormigas era estupendo.
sábado, 25 de abril de 2009
jueves, 23 de abril de 2009
domingo, 19 de abril de 2009
El mundo de los jueces
Sun cogió sus libros para ir a la biblioteca y los metió en su mochila anti-jueces, se puso su abrigo anti-jueces y cerró la puerta con llave.
La calle parecía llena de jueces. Sun caminó sigilosamente entre ellos, para que no se percatasen de su presencia.
- ¡Mirad, lleva ropa de deporte!
- La ropa de deporte está fuera de temporada. Comprada a 2 peniques, me figuro.
- Tiene el pelo naranja, qué color más horrendo. Seguro que le gustan las zanahorias. A la gente que le gustan las zanahorias les salen granos en el culo.
- ¡Qué asqueroso, un culogranudo! Seguro que no se ducha.
Sun logró esconderse en un callejón. Vaya, parecía que ni hasta la biblioteca podía caminar sin ser judgado. Su abrigo y su mochila parecían no haberle servido de mucho. Tendría que comprarse un gorro anti-jueces también.
¡Pero qué estaba pensando! Sun no era así. Jamás se debió haber comprado nada anti-jueces. Él era como era, y así se gustaba, qué más daba lo que dijeran de él. Sólo él sabía como era realmente, cosa que, en parte, le gustaba mucho.
- ¡Eh, va camino a la biblioteca! Está en este callejón. ¡Sigámosle! ¡Empollóoooon! ¡Asqueroso!
- Seguro que lee cosas de asesinos. Se creerá guay. Se piensa que en el mundo hay superheroes y él es uno.
Sun caminó escuchando las disparatadas cosas que decían de él. Sabían cosas de él, viendole a primera vista. Pero no acertaban en nada.
- ¿Y vosotros os llamais jueces? - les gritó Sun, en la puerta de la biblioteca.
La calle parecía llena de jueces. Sun caminó sigilosamente entre ellos, para que no se percatasen de su presencia.
- ¡Mirad, lleva ropa de deporte!
- La ropa de deporte está fuera de temporada. Comprada a 2 peniques, me figuro.
- Tiene el pelo naranja, qué color más horrendo. Seguro que le gustan las zanahorias. A la gente que le gustan las zanahorias les salen granos en el culo.
- ¡Qué asqueroso, un culogranudo! Seguro que no se ducha.
Sun logró esconderse en un callejón. Vaya, parecía que ni hasta la biblioteca podía caminar sin ser judgado. Su abrigo y su mochila parecían no haberle servido de mucho. Tendría que comprarse un gorro anti-jueces también.
¡Pero qué estaba pensando! Sun no era así. Jamás se debió haber comprado nada anti-jueces. Él era como era, y así se gustaba, qué más daba lo que dijeran de él. Sólo él sabía como era realmente, cosa que, en parte, le gustaba mucho.
- ¡Eh, va camino a la biblioteca! Está en este callejón. ¡Sigámosle! ¡Empollóoooon! ¡Asqueroso!
- Seguro que lee cosas de asesinos. Se creerá guay. Se piensa que en el mundo hay superheroes y él es uno.
Sun caminó escuchando las disparatadas cosas que decían de él. Sabían cosas de él, viendole a primera vista. Pero no acertaban en nada.
- ¿Y vosotros os llamais jueces? - les gritó Sun, en la puerta de la biblioteca.
jueves, 9 de abril de 2009
Es de color azul o amarilla, una especie en peligro de extinción que todos hemos visto alguna vez.
Su nombre es Felicidad, y le gusta camuflarse y adoptar distintos colores. Ella es la protagonista de esta historia.
Felicidad salió una mañana a pasear recordando lo sucedido el día anterior. Felicidad lo había pasado realmente bien. Felicidad había conocido a alguien con quien pasó la noche y le había gustado de verdad. Felicidad comió pasteles y muchas cosas ricas. Felicidad rió mucho y en voz muy alta. Felicidad recordó que no se reía así desde hace mucho tiempo.
Felicidad, al recordar lo que vivió ayer, observó que en la vida había muchas cosas buenas.
Así que Felicidad decidió procrear.
Su nombre es Felicidad, y le gusta camuflarse y adoptar distintos colores. Ella es la protagonista de esta historia.
Felicidad salió una mañana a pasear recordando lo sucedido el día anterior. Felicidad lo había pasado realmente bien. Felicidad había conocido a alguien con quien pasó la noche y le había gustado de verdad. Felicidad comió pasteles y muchas cosas ricas. Felicidad rió mucho y en voz muy alta. Felicidad recordó que no se reía así desde hace mucho tiempo.
Felicidad, al recordar lo que vivió ayer, observó que en la vida había muchas cosas buenas.
Así que Felicidad decidió procrear.
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